Cara a Cara
Sorprende encontrarse cara a cara con uno Mismo. Con mi oscuridad.
Con esos defectos feos que no me caen bien.
Esos intrusos que arañan la Belleza, que te rasgan la camisa feliz. Que te sonrojan con su soberbia, poderosa influencia.
Sorprende comprender que no eras “tan bueno”. Que hay sentimientos que te controlan la razón. Que se te ha ido el tiempo una vez más, y ahora solo te queda un remiendo.
Que se te calientan los zapatos.
Que te has mojado, con lluvia fina de tarde q cala y controla.
Que se afloja mi turbante dorado.
Que tus manos han caído y tu espíritu se aloja en tu estomago.
Una vez más, Tu y Tu de frente, con un arma de rencor entre los labios.
Y la esperanza conciliadora que te convence de que este es el camino que toca construir, que todo… todo tiene un proceso.
A veces te crees poseedor de la fórmula que acumula encantos, vivezas, valentías, fortalezas inquebrantables que pueden con todo. Otras, de pronto tu piel se afloja, tu ojera se entromete y tus ojos enmudecen, adelgaza esa pasión y plof, de pronto ese cretino entra por las puertas de tu alma y te clava su (que es tu) aguijón del error.
Quedas limpiando tu herida con las conveniencias convincentes del aprendizaje y la naturaleza. Nubes, niebla, y después de no muchos lamentos, un rayo de sol.
Te sorprende comprender tus defectos, que te hacen débil.
Y planeas como en un film la forma de ponerle zancadilla a ese capricho que decepciona y duele.
Pero hoy es un nuevo día y de nuevo mi conjuro del éxito.
Un día más para esperar en la esperanza y sentarme en las ganas…
