Ejemplo de Realidad

August 29, 2007

Encontrar La Verdad, lo que ocurre realmente…

De niña las cosas no se me cuestionaban, casi todo parecía estar en su sitio. Paseaba por casa pensando que no podía existir otro lugar donde me sintiera más abrigada.

Recuerdo aquel día que te dije que si no estabas no podía dormir, que esperaba el sonido de tus zapatos por la ventana, entonces contigo llegaba el bienestar. Tú lo entendiste en un solo latido, como siempre entendiste todo, a base de corazón.
Nunca cae nada en saco roto contigo, aquel día tampoco, así que sin dilación dejaste aquel trabajo en el Corte Inglés. Nunca lo olvidaré.

No sé como lo hiciste para superar las amenazas de una lucha en solitario, creo que… sencillamente con el pasar de los días.
Hoy me doy cuenta de lo difícil que debió ser darle color a un hogar de la forma en que lo hizo, hoy que se me escurren las piezas del mío y hoy sé que esa certeza que un día tuve no fue fruto de magia casual, no, fue el fruto del esfuerzo del tiempo.

Hacer Real lo Irreal, transformar el Caos en Oasis. Que sabía yo de Caos si quiera, tus pasos eran de pintor mágico, más allá de Dalí, más allá del surrealismo, lo tuyo fue una obra transparente de Realidad. Difícil, y silenciosamente, a pesar del anuncio que anunció el desahucio de tus sueños rosas.

El amanecer de cada día, una sopa, un juego, una visita al Zoo con esas gafas, y esas fotos que no te gustan. Vivir. Conocer la Verdad y hacerla Realidad.

Encontrar las piezas después del huracán se me hace fatigoso. Cuando las cosas dejan de estar encuadernadas para ser una maraña de hojas en un sinsentido de tachones.
Preguntas Eternas. Respuestas Caducas.

La evidencia de lo adulto, un mundo anhelante de encontrar la verdad, su realidad, el color que da forma al calendario.

Tostador solitario, ducha de amanecer que enjuga perezas nocturnas, almohada confidente de suspiros huérfanos, un poco de perejil. Rutina reinventada.

Echaros de menos,
aprender a esperar,
negar esos besos al miedo,
encontrar la realidad.

Una pieza aquí, quizá mañana otra allá, dar forma a este Puzzle arco iris.

Pájaro de Barro

Oliverio ( El lado oscuro del corazón)

August 24, 2007

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;

¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!

¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…
la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo
Argentina, 1891-1967

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