..8, 7, 6 … Luz!
Ya sólo quedan 8 días para despegar…
Despedirme de este que ha sido mi hogar compañero por ya casi año y medio, y que me vio llegar tiritando risas y miedos.
Sillas, muebles, mantas… también esa planta que aún no aprendí a cuidar, ese colchon que ha sido nido de descanso, amor, risas y por supuesto lágrimas, lágrimas buenas que hidratan de humanidad este forro impermeable con el que llegué.
Despedirme de este hogar donde he aprendido a vivir con amigos de alquiler, que también me han enseñado mucho. Este año y medio ha sido pelaje de piel y descanso, y digo descanso, porque aunque también han habido pérdidas pesadas, la liberación ha sido una serena recompensa, tan necesaria y ensordecedora, que apenas me ha quedado oido para el resto.
Reconocer mis miedos, y enfrentarme a ellos. Crecer mi anhelada independencia, y enseñarle al corazón que puede con más de lo que esperaba.
Sí, algunas despedidas ultimamente han sido duras, despedida de recuerdos de nanas de antaño. Pero, ahora en el tiempo, sé que era necesaria esta distancia de todo aquello que me ha formado.
Es dificil romper los lazos con esas voces familiares que acarician tus seguridades, pero sí, era muy necesario. Coser con hilos de realidad el futuro, y dejar de dejarme llevar.
En la distancia del tiempo, hoy encuentro los restos de miedo en el suelo, quemados a golpe de ese fuego interior que al final no puedes retener. Y ahora que lo veo en el suelo, quemado, me parece pequeño y frágil, ese mismo que ayer era motivo de desvelos. Mirando hacia atrás comprendo que esta trayectoria, dificil de comprender para tantos que amo, era necesaria, pero también sé que todo aquello que viví ha sido equipaje valioso, que me ha dado muchas herramientas.
No quiero mirar atrás y convertiros en sal, lejos de eso, me quedo esperando que nuestro alma evolucione, y podamos entendernos en un lugar donde el paraiso sea por dentro.
Hoy, toca despedida de nuevo, esta buena, apuesta al futuro con ilusión. Despedida de vivencias elegidas, y de lucha en solitario, pero no. Esta despedida me lleva a un nuevo hogar, que presiento mio, donde quiero trabajar en un proyecto de intima exploración, para seguir creciendo, y creando. Destruyendo etiquetas para poder dar nombre a las cosas.
Siento la emoción de quien va a emprender un viaje, llenando mis maletas de deseos y anhelos, con la ilusión de escucharlos a solas.
Es verdad que estos días son complicados, el corazón esta trabajando mucho, pero creo que sí, este es el orden correcto, y aunque mi estómago se está doliendo, todo esto me está iluminando.
Tengo mucha prisa, pero tengo que esperar.
Y como siempre, me está costando mucho.
Calcetines, tangas, camisas, algunos vaqueros…
Maleta de prisas a paso lento.
